La granja de Rubens

Érase una vez un congoleño y un senegalés que llegaron a Abuja un día y le dijeron al gobernador:

—Queremos hacer una granja.

Y empezaron a plantar tomates, plátanos, espinacas, arroz, calabazas y muchas otras ricas verduras. También tenían varios tipos de pescado, que crecían en pequeños pozos de agua excavados en la tierra. Pero esta granja es muy particular, porque allí no se vende nada. Daniel y Rubens todo lo comen o lo dan: se lo dan a hospitales, se lo dan a los aldeanos de los alrededores y se lo dan a los visitantes.

Un buen día, unos amigos y yo fuimos a visitarlos. Es un lugar mágico, y si quieres llegar hasta allí tienes que dejar el coche junto a una pista de tierra y caminar por un sendero que te lleva al río. Cruzarás el río saltando sobre un tronco que te espera, y poco después verás que ya las grandes hojas de las plataneras te reciben con su brillo que roban al sol y la sombra que te ofrecen protectoras. Allí encontrarás todo arreglado: la cabaña de bambú, las flores que adornan el lugar, una mesa bajo un gran árbol para las comidas campestres y la nueva construcción todavía en curso: un centro con esculturas de madera, instrumentos musicales y una máquina de coser.

Si tienes suerte, Rubens te esperará para contarte con pasión y todo detalle cuál es la filosofía de los duendes del bosque, y por qué han plantado cada una de las semillas. Rubens y Daniel piensan que debemos ayudarnos los unos a los otros, y por eso están montando una ONG. Daniel trabaja cada mañana en la ciudad, y une sus frutos a los que la granja produce. Después de comer, trabajan por el desarrollo de los habitantes del lugar: algunos de ellos vienen a aprender a cultivar la tierra y a criar pescado, otros aprenden a fabricar y tocar instrumentos, otros a crear bonitas obras de arte de diversas formas. Algunos ya han hecho funcionar la máquina de coser para vestir a los duendes del bosque. Y todo lo organizan ellos porque creen que, con un poco de habilidad, podemos sobrevivir en el bosque sin necesidad de comprarlo todo.

—¿Y qué pasará si un día llega el rey de estas tierras y os destierran? —le preguntaron una vez a Rubens para probarlo.

—Pues cogemos nuestro hatillo, nos vamos a otro lugar y comenzamos de nuevo —respondió Rubens tranquilamente.

Pero ya están preparados para eso, porque una de sus geniales ideas es la granja móvil: plantas que crecen en sacos de tierra para ser fácilmente transportadas en un coche y poder emprender camino rumbo a otro lugar. Y es que Rubens y Daniel ya se han asentado en otros reinos antes de que el destino los trajera a Abuja.

Los conocí porque un día me llevó allí una nigeriana que aprendió a hacer collares y pendientes en su granja. Unos dicen que Rubens está loco; otros lo desprecian porque su pelo es muy raro. Pero pocos saben que es un duende del bosque, que en la tranquilidad de la granja reflexiona en silencio sobre cada aspecto de la vida, y su sabiduría aumenta día tras día…

Enero 2010

Y ahora os paso una entrevista que me hicieron para la revista Mujer Hoy. Lo siento, no pude avisaros a tiempo…

Mujer Hoy

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