Huelgas, revueltas y otros descalabros

A veces me toca dar clases aquí

A veces me toca dar clases aquí

         Se suponía que el segundo semestre de la Universidad comenzaba a principios de junio. Quiero decir… si eres tan ingenuo como para creértelo. El comienzo se fue aplazando, aplazando… hasta que empezó una huelga en todas las universidades públicas de Nigeria. Unos decían que sería una huelga indefinida, otros que duraría cien días… Los profesores y el personal administrativo de categoría superior protestan por los escasos recursos dedicados a la educación y porque el aumento de salario que se produjo hace dos años para todos los funcionarios se hizo efectivo para ellos dos años más tarde. Causas justas, creo yo, pero… ¿tres meses de huelga? Adivinad quién la paga: los estudiantes, claro, que quieren acabar su carrera cuanto antes y con las huelgas tardan a veces siete años en hacer una carrera de cuatro. Los que están en huelga estarán disfrutando de unas vacaciones, seguros de que cuando recomiencen la actividad cobrarán por los meses que no han trabajado.

En el vestíbulo doy clases a menudo

En el vestíbulo doy clases a menudo

         Yo, con mentalidad española, decidí no secundar una huelga eterna y convoqué a mis estudiantes para continuar las clases de Español.

         —Pero en el segundo semestre no tenemos clase de lengua extranjera— me contestó uno de los delegados. ¿Qué? ¿Quiere decir eso que la Universidad me paga cada mes para que dé clases tan solo dos meses al año? Es algo que todavía tengo que confirmar, cuando el director del departamento se digne a contestarme.

         —No importa, quien quiera aprender Español que venga a las clases— les dije a mis alumnos.

Este es un aula normal

Este es un aula normal

         —Te estás metiendo en problemas— me dijo Cynthia—. Aquí cuando hay huelga nadie puede trabajar.

         Y la verdad es que no tuve problemas. Pero tampoco tuve estudiantes. Ni uno siquiera. Dos días más tarde me enteré de que algunos habían ido al campus, pero los guardas no les dejaron entrar.

         Me enteré también de que había cambiado el vice-rector de la Universidad y nadie me había dicho nada. Me llevó semanas conseguir una cita con él, pero él y su administrador me atendieron con mucha amabilidad.

        —Si quieres dar clase no estamos aquí para impedírtelo, sino para apoyarte— me dijeron.

         —Pero a mis estudiantes no los dejan entrar en el campus.

         —Entonces mejor espera a que acabe la huelga—.

¿Cuándo? No se sabe…

        

P1050373         De las revueltas habréis oído hablar en las noticias. Un grupo de talibanes comenzó los disturbios en la zona musulmana del país, y la Policía trató de exterminarlos a todos sin contemplaciones: setecientos muertos. Me pregunto cuántos de ellos eran inocentes ciudadanos. Y creo también en lo que me dijo un amigo nigeriano:

         —La causa no se encuentra en la religión, sino en la pobreza. Si el islamismo predica que no se puede robar y ellos están robando es que no es el islamismo lo que les mueve.P1050380

         Ahora se ha calmado un poco la situación, pero por si acaso he cancelado todos los planes que tenía de viajar al norte. Y al sur también.

 

         El descalabro se produjo hace ya varios meses. Nigeria, un país productor de petróleo, se quedó de repente con muy escasas provisiones de petróleo en las gasolineras. Cuando tuve que repostar llegué a la gasolinera a las siete de la mañana. Corregí en el coche todos los exámenes de la Universidad, y tras dos horas de espera pude llenar mi depósito de gasolina.

         ―¿Solo dos horas?— me preguntaron los empleados—. Has tenido suerte.

Mercado de la mezquita

Mercado de la mezquita

Hay gente que hace cola durante seis horas, a veces durmiendo en el coche. Eso no lo he experimentado, pero sí he visto durante varias semanas laaaaaargas colas de coches parados en las proximidades de un servidor de líquido negro.

 

         Aquí os copio el texto que han escrito Mamen y Olmo, los primeros españoles que me han visitado en Nigeria. ¿Quién será el siguiente?

 

Guadalajara, 22 de julio de 2009

P1050288Bueno, pues el viaje ha iniciado desde hace unas semanas. Hoy ya tenemos el visado y los billetes. Y han costado bastante. En realidad, ha sido dinero y tiempo, pero las cosas empezaron a tomar otro aspecto que el habitual desde que llegamos a la embajada de Nigeria en Madrid en la Calle Segre, al lado del Bar Segre y el Centro de Salud Segre. Mucha gente se acumulaba en las únicas puertas y ventanas disponibles, las cuales tenían barrotes. Una fila era en la calle y no me acabé enterando de para qué exactamente, la otra masa ocupábamos una sala abajo, con una televisión y unas sillas desordenadas. A nosotros nos tocaba esperar delante de una ventana con barrotes en la sala, a los otros delante de una puerta con barrotes en la calle. En la sala se hacían varias gestiones: recogida y solicitud de visados para Nigeria y recogida y solicitud de documentos para solicitar el DNI español. La primera vez que llegamos no entendíamos nada. Queríamos información y la encontramos en la gente, en unos y otros. La principal conclusión fue qué hacíamos allí sin llevar o esperar documentos, es decir, sin un objetivo concreto, como si “preguntar” fuera una pérdida de tiempo y algo increíble de concebir.

 P1050316

Guadalajara, 17 de agosto de 2009

Bueno, pues Nigeria ha sido eso: un entrometerse en un país donde el turismo no tiene sentido ni lugar pero la vida y la gente sí. Desde el primer día Mónica hizo que todo cobrara sentido, que nuestros pasos lo recorrieran todo: esas grandes carreteras llenas de tráfico que tiene la capital donde la gasolina cuesta 65 Nairas (30 céntimos de euro) y los alquileres 1500 o 2000 euros. Un país de diferencias como las que encontrábamos cada día: desde una costosa comida en el Sheraton a un orfanato donde juegan 15 niños en una habitación de pocos metros cuadrados. Desde unas casas lujosas con guardias y sirvientes a otras a medio construir pero que sirven ya de hogar para muchos. Desde Mónica a

Jugando con los niños de Kobi

Jugando con los niños de Kobi

nosotros. Todo nos llegó y nos llenó. ¡Qué bonitos los mimos que conducen el tráfico! ¡Un tráfico lleno de pitidos constantes donde volverse loco! ¡Qué bonito el Hiltop para ver Abuja desde lo alto! Una de las cosas más impactantes fue un niño que llevaba a otro niño a caballito para que nos viera en un poblado cercano a la capital de nombre Kobi. La sonrisa maligna del primero anunciaba lo que después sucedió: el más pequeño se dio el susto de su vida al ver a los primeros blancos. Muchas cosas más que aquí no caben: las montañas encierran avisos y supersticiones, caras y voces. La comida pica, el baile puede durar toda la noche con Mónica al lado.P1050446

 

“ONLY 10 YEARS”

Esto es para que os hagáis una idea de lo que yo sabía de inglés al llegar a Abuja. Cuando la gente que Mónica nos iba presentando o la que nosotros nos cruzábamos por nuestra cuenta nos preguntaba qué hacíamos en Abuja yo decía siempre que estaba allí “only for 10 years”. Sólo cuando me miraban sorprendidos me daba cuenta de que había dicho “years” y no “days”. Aún y así ese poco de inglés me ha bastado para llevarme tanto. Ahora también sé decir “Ena-quana”, “Ena-uni”, “Na-godé”, “Lafia”, Sanu”, “Cadam-cadam”…

 

Cansados al final del día

Cansados al final del día

HAUSA

“Ena-quana”: Buenos días/ ¿Cómo ha pasado la noche?

“Ena-uni”: Buenas tardes

“Na-godé”: Gracias

“Lafia”: Bien

Sanu”: ¡Hola! ¡Adiós!

“Cadam-cadam”: poco, poco

 

Y finalmente os paso el enlace a la entrevista que me hicieron los de La Voz de Galicia:

http://www.lavozdegalicia.es/sociedad/2009/08/09/0003_7897335.htm

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One Comment en “Huelgas, revueltas y otros descalabros”

  1. Ciertamente Says:

    Gracias por tu labor y buen humor. Un gran ejemplo.
    Saludos.


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